• Las cuentas compartidas suelen mantenerse por conveniencia operativa, pero su coste real aparece después: más tiempo de investigación, menor trazabilidad y más fricción en auditoría y gestión de incidentes.
  • Sustituirlas por identidades individuales no exige una transformación completa del stack si se priorizan los accesos críticos, se aceptan excepciones temporales y se implantan controles mínimos durante la transición.
  • La decisión no es entre agilidad o control: un modelo por fases permite conservar continuidad operativa, reducir riesgo interno y mejorar la capacidad de respuesta sin bloquear a soporte ni a equipos de guardia.