• El software fuera de soporte no debe gestionarse como un problema técnico aislado, sino como una decisión de negocio sobre continuidad, exposición al riesgo y coste de mantener dependencias obsoletas.
  • No todo activo EOL requiere sustitución inmediata: la respuesta correcta depende de la criticidad del proceso, su nivel de exposición, la eficacia de las mitigaciones temporales y la viabilidad real de migración o retirada.
  • Un marco simple de decisión, acompañado de excepciones con fecha de cierre y seguimiento ejecutivo, permite ordenar el backlog de modernización y evitar gasto reactivo en situaciones de crisis.